Cuando los precios suben como un cohete y bajan como una pluma
19 de octubre 2026
Hay una expresión económica especialmente gráfica para describir una situación que cualquier conductor puede reconocer: el efecto ‘cohete-pluma’. El término hace referencia a la posibilidad de que los precios de un producto reaccionen rápidamente cuando aumenta el coste de su materia prima, pero lo hagan con mayor lentitud cuando ese coste disminuye.
La metáfora procede precisamente de esa diferencia de velocidad: el precio asciende como un cohete y desciende como una pluma. El concepto se popularizó en la economía de los carburantes y fue formalizado en la literatura académica, entre otros, por Robert Bacon en un estudio publicado en 1991 sobre el mercado británico de gasolina.
Su funcionamiento parece sencillo, pero la realidad es bastante más compleja. Entre el petróleo y el precio que paga un consumidor intervienen el refino, el transporte, la distribución, los impuestos y los márgenes comerciales. Por eso, que el barril Brent baje no significa automáticamente que la gasolina tenga que caer en la misma proporción.
España ofrece ejemplos recientes especialmente ilustrativos. Durante la crisis energética vivida en la primera mitad de 2026, la CNMC constató que entre febrero y finales de abril las cotizaciones internacionales de referencia aumentaron un 57 % para la gasolina y un 66 % para el gasóleo. El efecto fue visible en los surtidores, aunque la reducción fiscal aprobada el 22 de marzo amortiguó una parte importante de la subida. Entre esa fecha y el 28 de abril, el precio medio peninsular descendió 29,1 céntimos por litro en gasolina y 23,3 en gasóleo; aun así, respecto al 27 de febrero, el gasóleo acumulaba todavía una subida de 28,9 céntimos por litro.
La evolución posterior permite observar la otra cara del fenómeno. En junio de 2026, las cotizaciones internacionales de gasolina y gasóleo de referencia disminuyeron alrededor de un 16 %, mientras el precio medio en España cayó un 4,5 % en gasolina 95 y un 7,7 % en gasóleo A, hasta 1,488 y 1,570 euros por litro, respectivamente. La diferencia no demuestra por sí misma un abuso: la CNMC recuerda que son los precios de los productos refinados, y no únicamente el Brent, los que determinan en gran medida el coste final.
Precisamente aquí resulta necesaria una mirada crítica. Acusar automáticamente a las gasolineras de aprovecharse del consumidor sería tan simplista como negar que pueda existir poder de mercado. La evidencia académica es mixta y apunta a múltiples causas: inventarios, costes de ajuste, incertidumbre, competencia y comportamiento de los consumidores.
Además, en 2026 la CNMC examinó individualmente más de 10.500 estaciones y concluyó que la rebaja fiscal se había trasladado de forma generalizada al consumidor, aunque detectó un grupo muy reducido de instalaciones con posibles anomalías.
La conclusión, por tanto, debe ser prudente. El efecto ‘cohete-pluma’ es una herramienta muy útil para entender por qué los descensos de costes pueden tardar en llegar al bolsillo, pero no constituye una prueba automática de comportamiento abusivo. Su verdadera importancia está en obligarnos a mirar toda la cadena de formación de precios.
Para el ciudadano, la enseñanza es sencilla: cuando el combustible sube rápidamente, el impacto llega pronto; cuando baja, conviene comprobar cuánto, cuándo y en qué tramo de la cadena se está produciendo realmente la reducción.
