Estrategia TACO: cuando los sustos de Trump marcan el ritmo de Wall Street
10 de febrero 2026
La llamada estrategia TACO, acrónimo de la expresión en inglés Trump Always Chickens Out (“Trump siempre se acobarda”), ha cobrado relevancia en 2025 entre ciertos inversores de Wall Street. El término fue acuñado por Robert Armstrong, columnista del Financial Times a raíz de un patrón observado en la reacción de los mercados a las decisiones comerciales del presidente Donald Trump en su segundo mandato. En esencia, se basa en identificar un comportamiento repetitivo: el mandatario anuncia medidas económicas o arancelarias de gran dureza, el mercado reacciona con caídas pronunciadas y, poco después, la medida se suaviza o se retrasa, lo que desencadena un rebote en los precios de las acciones.
TACO es una aplicación particular del principio de “compra en la caída”, pero con un detonante muy específico: la retórica y la política comercial de la administración Trump. El mecanismo es relativamente sencillo de describir. Un anuncio de aranceles o restricciones a las importaciones provoca incertidumbre y ventas masivas, especialmente en sectores directamente expuestos. Posteriormente, tras negociaciones o cambios de criterio, la Casa Blanca modera la propuesta, lo que se traduce en un alivio para los mercados y en una rápida recuperación de los valores castigados. Esta dinámica ha sido observada en varias ocasiones durante los primeros meses de 2025. Por ejemplo, en mayo, Trump declaró su intención de imponer un arancel del 50 % a las importaciones procedentes de la Unión Europea. En apenas dos días, el S&P 500 retrocedió un 2,5 %, mientras compañías automotrices y de lujo europeas sufrieron caídas superiores al 5 %. Sin embargo, tras una reunión con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el plan fue pospuesto indefinidamente. En menos de una semana, el índice recuperó lo perdido y las acciones más golpeadas rebotaron con fuerza.
Si bien estos episodios han reforzado la idea de que existe un patrón aprovechable, conviene subrayar que la estrategia no siempre se cumple. Su efectividad depende de que el presidente mantenga la tendencia a retroceder tras anuncios iniciales, algo que podría cambiar de manera repentina. Asimismo, los mercados no son estáticos: si los inversores descuentan que las amenazas no se materializarán, la reacción inicial podría ser mucho más tenue, reduciendo el margen de beneficio. Además, factores externos como crisis geopolíticas, datos macroeconómicos negativos o cambios inesperados en la política monetaria pueden impedir que se produzca el rebote esperado, incluso si el anuncio gubernamental se modera.
Desde una perspectiva crítica, también cabe señalar que la estrategia TACO se sustenta en un comportamiento político coyuntural y no en fundamentos económicos sólidos, lo que la hace frágil ante cualquier cambio de contexto. Los analistas que la defienden argumentan que, mientras el patrón persista, puede ofrecer oportunidades rápidas de ganancia; sin embargo, otros advierten que confiar en ella sin una gestión de riesgo rigurosa equivale a apostar en exceso a un solo factor.
En conclusión, la estrategia TACO constituye un fenómeno interesante para entender cómo las decisiones políticas pueden influir en el comportamiento de los mercados y cómo algunos inversores tratan de capitalizar esos movimientos. Sin embargo, este análisis no pretende ser, bajo ninguna circunstancia, una recomendación de inversión, sino un ejemplo de cómo la psicología de los mercados y la política se entrelazan, generando oportunidades tan potencialmente lucrativas como arriesgadas.
